Una de las cosas que me propuse cuando me convertí en madre, es enseñar a mis hijos a apreciar las verduras.
Yo de pequeña era pésima comedora, por lo visto era desesperante. Mi madre siempre me cuenta que una noche cuando tenía unos 6 ó 7 años me quedé a dormir con mi madrina. Al día siguiente mi madrina dijo a mi madre "y yo que pensaba que exagerabas, ¡corta te quedas!" y es que esa noche con mi madrina, tan solo tardé 1 horas y media en terminarme una tortilla de 1 huevo, empecé y terminé con la película.
Mi poco interés por la comida, junto con el poco interés de mi madre en las verduras hicieron que yo las odiara. Y no es que mi madre no me diera de comer verduras, sino que es muy difícil cocinar un ingrediente cuando no es de tu agrado, y las verduras y mi madre no se llevan bien, por lo que no supo "vendérmelas" bien. Eso sí, pídele a mi madre que te haga unas patatas fritas con huevo, o unos solomillos a la sobrasada, ¡lo borda!, pero cocinar verdura no es su fuerte.
Cuando me fui a vivir sola empecé el acercamiento a ellas, empezamos a conocernos mutuamente, a aceptarnos y hoy en día somos íntimas amigas. Y quiero trasmitir ese amor a mis hijos.
Por ahora lo estoy consiguiendo y estoy bastante orgullosa, la mayoría de niños tiene un rechazo natural a lo verde. Yo nunca lo creí, siempre pensé que todo dependía de la educación. Influye, claro que influye, pero no al 100% como pensaba inicialmente.
Recuerdo el día que le dí de cenar a mi hijo pequeño por primera vez guisantes, sin olerlos ni probarlos "eto no guta", y me reí, me reí mucho y lo entendí. Entendí el rechazo natural. Y es cuando me planteé enseñarles a quererlas.
Lo se, no es fácil, hay niños y niños, y seguramente algunos son indomables en esta cuestión. Pero con mis hijos ha funcionado, ¡con los dos!. Y ganar la batalla con mi hija no ha sido fácil, mi hija durante sus primeros 3 años salió a mí. Mi madre me dijo que la vida es sabia y nos devuelve lo que damos. DESESPERACIÓN era la palabra. Quien lo sufre o lo ha sufrido sabe de lo que hablo.
Pero la vida no fue tan cruel conmigo y con mostrarme solo un poquito de lo que debió ser alimentarme a mí, lo consideró suficiente. Mi hija un poco antes de cumplir 3 años, empezó a comer maravillosamente bien, y a día de hoy sigue igual. Mi túnel negro acabó, hoy la hora de la comida es a ser paz y sosiego.
Por eso me gustaría enseñaros algunas de las recetas que hago cuyo ingrediente principal es la verdura y el cariño. Quizá os sirva de inspiración, quizá no, o quizá compartais las vuestras conmigo.
¿Os apetece? ¡Allá voy!